Conferencias

Conferencia N 1

PRESENTE Y FUTURO DE LOS ESTUDIOS DE SUELOS EN REGIONES SEMIARIDAS DE ARGENTINA

Daniel E. Buschiazzo

INTA Anguil, Facultad de Agronomía-UNLPam y CONICET, CC 300, 6300 Santa Rosa, buschiazzo@agro.unlpam.edu.ar

 Martes 13 de mayo, 11:00 hs., Auditorio Caja de los Trebejos - YPF

 La intensificación de la producción agropecuaria es irreversible en Argentina. Este proceso, que se manifiesta en el incremento de la productividad por unidad de superficie y la expansión de las áreas cultivables, ejerce presiones sobre los ecosistemas frágiles de zonas áridas y semiáridas que ponen en peligro su estabilidad. En esta presentación se analizan los posibles aportes de la Ciencia del Suelo en este contexto. Se proponen también líneas de investigación y experimentación prioritarias que analicen relaciones causa – efecto y produzcan conocimientos utilizables como modelos predictivos de diversos procesos. La Ciencia del Suelo deberá aportar herramientas para la toma de ediciones surgidas de dos áreas del conocimiento: la Edafología tradicional y los estudios ambientales. Para ello deberán reactivarse áreas básicas del ámbito de la Pedología, actualmente algo relegadas, como la génesis de suelos, la mineralogía, la taxonomía y el relevamiento de suelos. Deberán retomarse también estudios sobre procesos degradativos como la erosión hídrica y eólica, de gran importancia en las áreas secas del País. Otros aspectos de incipiente desarrollo en áreas semiáridas y áridas, como la biología del suelo, que involucra entre otros al ciclo del carbono y a la microbiología del suelo, incluyendo nuevas metodologías como la metagenómica, deberán también ser potenciados. En el ámbito de la experimentación, se muestra cómo algunas tecnologías simples pueden contribuir a mejorar los balances de agua del suelo, reducir la degradación e incrementar los rendimientos de los cultivos en ambientes secos. Entre los estudios de impacto ambiental se deberían profundizar aquellos relacionados con la contaminación de suelos, aguas y la atmósfera. Algunos ejemplos utilizados para ilustrar esta situaciones son el diferente comportamiento físico-químico de suelos con distintas mineralogías, la adsorción diferencial de herbicidas en suelos con contenidos variables de materia orgánica, la susceptibilidad a la compactación de suelos con distintas texturas y contenidos de materia orgánica, la relación entre parámetros edáficos y rendimientos de algunos cultivos, la erosión eólica en condiciones climáticas o edáficas diferentes, o en situaciones de cobertura de cultivos variable, entre otros. Se concluye que la Ciencia del Suelo proveerá instrumentos indispensables para lograr producciones sostenibles en los escenarios productivos actuales y futuros de las zonas semiáridas y áridas de Argentina. Se destaca la necesidad de desarrollar políticas científicas que incentiven estudios básicos de suelos, apartándose de las tendencias existentes en la mayoría de los países centrales, en los cuales esta ciencia ha perdido peso propio en favor de las ciencias ambientales. Ambas son necesarias y complementarias.



Conferencia N 2

 SEQ CHAPTER \h \r 1Alternative crop rotations in the semi-arid central great plains region how much fallow? Evaluating the econimics

Merle F. Vigil, Maysoon Mikha, David C. Nielsen, Joe Benjamin, Francisco Calderon.

Central Great Plains Research Station, Akron, Colorado, EE.UU.

Merle.Vigil@ARS.USDA.GOV

Martes 13 de mayo, 15:00 hs., Auditorio Caja de los Trebejos -YPF

The traditional crop production system in the semi-arid Central Great Plains Region (CGPR) of the U.S.A. is winter wheat (Triticum aestivum L.)-summer fallow (WF) or one crop every two years. This system is not a long-term sustainable dryland system. It is conducive to soil degradation and provides minimal returns on investment in the CGPR. Recently utilizing no-till and more intensive cropping, we have shown several alternative rotations as superior to WF. Our objectives here are to evaluate several of these alternative rotations for economic yield, changes in soil quality, and economic returns. The economics returns to land labor and capital of 7 alternative rotation sequences (established in 1991) is compared and we report some of the effects of rotation intensity on changes in soil organic matter, soil aggregate stability. Specifically we evaluate how far we can push the system to eliminate fallow. Grain yields were measured in each rotation over an 11-year period starting 4 years after rotation establishment (1994-2004). The grain yield data was used to develop rules of thumb regarding long term average yields as affected by rotation sequence and then an economic analysis of net returns to land labor and capital was generated for the 7 rotations. That analysis indicated the most favorable sequences were wheat-millet (Panicum miliacium L.)-fallow (WMF) wheat-corn (Zea mays L.)-millet-fallow (WCMF) and wheat-millet (WM). The poorest performance was measured with WF and WCM. With respect to soil quality enhancement the best rotations were the continuously cropped WCM followed by WCMF and WCF and the poorest were with WF.


CONFERENCIA N 3

DINÁMICA DE SALES EN LA LLANURA CHACO-PAMPEANA:

CONECTANDO PLANTAS, SUELOS Y NAPAS

 Jobbágy, E.G., C.S. Santoni, M.D. Nosetto

Grupo de Estudios Ambientales. IMASL (UNSL-CONICET), Avda. Ejército de los Andes 950, (5700) San Luis. E-mail: jobbagy@unsl.edu.ar, web: http://gea.unsl.edu.ar

Jueves 15 de mayo, 10:30 hs., Salón Mercosur - Biagro

El control de la vegetación sobre el balance hidrológico de una parcela, especialmente la partición de la precipitación incidente hacia vapor y líquido influencia, junto al clima, el abastecimiento de cursos superficiales y acuíferos subterráneos, afectando la provisión de agua o la regulación de inundaciones. Recíprocamente, el sistema hidrológico influencian a la vegetación, por ejemplo cuando las napas freáticas suplementan aportes escasos de la lluvia o cuando las mismas napas inundan el terreno y vehiculizan sales que se acumulan en el suelo, deteriorando su fertilidad ¿En qué medida estas relaciones ecohidrológicas cambian a medida que se incrementa e intensifica el área cultivada de una región? Esta pregunta cobra especial importancia en planicies sedimentarias como la gran llanura chaco-pampeana donde las redes de evacuación de agua superficial y sales hacia el océano son pobres y los excesos hídricos se traducen con frecuencia en inundaciones y procesos locales de redistribución de sales. Aquí se explora la pregunta anterior en dos escenarios de la llanura chaco-pampeana: (1) avance de la agricultura de secano sobre bosques secos (espinal y chaco) y (2) intensificación de agrícola y forestación en la Pampa Húmeda. La evidencia histórica de bosques secos, similares el espinal y chaco, en Australia, Africa y Norteamérica sugiere que su reemplazo masivo por cultivos de secano causa fuertes cambios hidrológicos. Los bosques utilizan exhaustivamente la precipitación generando drenajes profundos prácticamente nulos, acumulando sales de origen atmosférico en los suelos durante milenios y manteniendo niveles freáticos profundos. El ingreso de la agricultura causa fuertes aumentos en el drenaje profundo, seguido por ascensos graduales pero constantes en el nivel freático y una fuerte movilización de sales, que termina afectando la fertilidad de suelos a nivel regional después de muchas décadas, cuando los niveles alcanzan la superficie. En el espinal argentino hemos verificado la nula recarga y el almacenamiento de sales bajo bosques secos (1 a 7 kg sal/m2)  y su lavado bajo uso agrícola. Este proceso podría estar relacionado a fenómenos de inundación y salinización observados en el chaco (Paraguay y Salta-Chaco) y espinal (San Luis). A diferencia del chaco-espinal, históricamente en los pastizales pampeanos los niveles freáticos han estado cercanos a la superficie y han redistribuido sales desde zonas altas a bajas y generado recurrentes inundaciones. Actualmente cambios localizados en el balance hídrico asociados a la intensidad de las rotaciones agrícolas o a focos forestados, genera fuertes cambios en la dinámica de las napas freáticas y sales. En las situaciones de mayor demanda de agua se observa consumo de napas y acumulación localizada de sales. El uso de la tierra en la región actuaría como un control de las inundaciones y la salinidad del suelo, pudiendo regular o amplificar las influencias climáticas según el tipo de cultivos y rotaciones que se implementen. La dinámica de sales en la llanura chaco-pampeana y su respuesta a cambios en el uso de la tierra y el clima exige reconocer la articulación entre la hidrología subterránea y los ecosistemas.


CONFERENCIA N 4

El impacto de las actividades antrópicas en los procesos terrestres superficiales

Antonio Cendrero

Univ. de Cantabria (Santander) y Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (Madrid), España - UNLP y UNMdP, Argentina

Jueves 15 de mayo, 11:30 hs., Salón Mercosur - Biagro

Se presenta una evaluación de ciertas consecuencias de las actividades humanas sobre los procesos geomorfológicos, especialmente durante el último siglo, basada en el análisis de áreas de estudio en España y Argentina. Se analizan los efectos del desarrollo urbano-industrial y de infraestructuras, así como de las actividades mineras, sobre la denudación directa y el transporte de materiales geológicos. Por otro lado, se analiza el desarrollo temporal de los procesos de deslizamiento en distintas áreas. Los resultados obtenidos se comparan con datos sobre denudación y transporte de sedimentos, así como con las tendencias en cuanto a la frecuencia de los desastres naturales, a partir de la literatura.

Los datos obtenidos indican que los seres humanos somos en la actualidad el principal agente geomórfico. La “denudación tecnológica” parece ser uno o dos órdenes de magnitud superior a las tasas de denudación o de transporte de sedimentos debidas a procesos naturales. La “huella geomórfica humana”, expresada a través de la construcción de geoformas artificiales, podría alcanzar proporciones continentales a finales del presente siglo. Por otro lado, la frecuencia de los eventos peligrosos debidos a procesos geomorfológicos (a niveles local, nacional y global) se ha incrementado aproximadamente un orden de magnitud en el último medio siglo, y muestra tendencias de crecimiento exponenciales. Dichas tendencias no se corresponden con los cambios climáticos registrados y parecen correlacionarse con indicadores de la actividad económica.

Se propone que la fuerza motriz que impulsa los procesos descritos es el aumento de la población mundial, unido al crecimiento en las capacidades económica y tecnológica, para los cuales el producto bruto (PIB) puede ser un indicador adecuado. Esa fuerza motriz parece ser la impulsora de un “cambio geomórfico global” ampliamente extendido, que afecta de manera directa e indirecta a los procesos terrestres superficiales, interfiriendo en los mismos o aumentando la sensibilidad de la capa superficial a la acción de los agentes geomórficos naturales. Los efectos de los cambios geomórficos y climáticos parecen superponerse y dar lugar a una aceleración de las tasas de evolución del paisaje y a una intensificación de los riesgos debidos a procesos geomorfológicos. Se sugiere que se deberían tomar medidas para mitigar los cambios geomórficos, a fin de desacoplar esa aparente relación entre desarrollo económico y riesgos de tipo hidrogeomorfológico. Se podría así reducir la tendencia observada al aumento de los desastres naturales debidos a dichos procesos.


CONFERENCIA N 5

Interactions between soil organic matter and soil structure at the microscale

Chenu C, Virto, I., Plante A., Moni C.

Dra Claire Chenu

Professor of Soil Science at AgroParisTech (Agronomy University of Paris)

BioEMCo, UMR UPMC-INRA-CNRS-ENS-ENSCP-INAPG

Jueves 15 de mayo, 15:00 hs., Auditorio Caja de los Trebejos

Soil organic matter is an essential resource for terrestrial ecosystems, being a major component of soil quality and a global carbon stock that amounts two to three times that of the atmosphere. A specificity of soil organic matter is its intimate association with the soil mineral components that leads to organomineral associations that can be identified in a wide range of spatial scales, from the nanometre to the decimetre. Using work from our group, this talk aims at showing that several important soil processes involving soil organic matter have their determinants at the microscale, i.e. at spatial scales < 100µm.

Most studies on soil structure have focused on macroaggregates or on aggregates > 50 µm, disregarding finer sizes. Using a combination of physical fractionation methods and electron microscopy (SEM and TEM), we have quantified and described organomineral microaggregates of clay and silt size. Such microaggregates constitute the basic units of soil structure in temperate soils, with strong influence of land use. We suggest that the concept of primary organomineral complexes in soils needs to be revisited.

Among the processes controlling soil organic matter dynamics, protection by the soil mineral matrix, either by adsorption or by controlling the accessibility of organic matter to microbial decomposers (i.e. physical protection) is increasingly considered. The last decade, the literature has shown that physical protection takes place mainly in microaggregates. Combining newly devised physical fractionation protocols with the use of 13C natural abundance, we have quantified the turnover of carbon in silt size microaggregates in silty temperate soils. The protection of carbon in such microstructures can be ascribed to the very heterogeneous spatial distribution of both organic matter and microorganisms that can be observed at this scale.

New analytical and observation methods allow to access to soil organic matter location and composition at much finer spatial scales than previously. Mechanisms of soil aggregation, soil organic matter and soil microbial activity take place at the microscale; investigations at the microscale and on the microbial habitats are thus needed to understand macroscopic soil properties.


CONFERENCIA N 6

Problemas y tendencias obligadas de la ciencia del suelo en la cartografía y monitoreo

H. F. del Valle

Ecología Terrestre. Centro Nacional Patagónico (CENPAT) - Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) - E-mail: delvalle@cenpat.edu.ar

Viernes 16 de mayo, 8:00 hs., Salón Mercosur – Biagro

levantamientos tradicionales de suelos por métodos analógicos constituyeron quizás el mayor factor de desarrollo en el conocimiento de nuestra Ciencia del Suelo, éstos ayudaron a entender su función en el paisaje, clasificarlos y cartografiarlos. En los últimos 20 años, en la Argentina, hubo una expansión en el desarrollo de la Teledetección y Sistemas de Información Geográfica aplicados a problemas principalmente ambientales. En general, las prioridades han sido cambiadas de la producción forestal y/o agrícola-ganadera a problemas ambientales, especialmente en los ecosistemas más húmedos del país. Los datos de suelos disponibles, la mayoría de las veces, fracasan para proveer las respuestas necesarias en el manejo de los recursos ambientales. Estos fracasos, entre otras causas, se deben a la falta de detalles espaciales requeridos por los usuarios, inconsistencia temática de los datos, ausencia de registro de los procedimientos y escasa verosimilitud de las observaciones. En general, no existe suficiente información para describir la diversidad de los suelos y sus funciones. Nuevos tipos de datos de suelo se necesitan para reformular y/o completar las bases existentes y planificar las faltantes. La tecnología de Sensores Remotos ópticos y radar está en continuo desarrollo. En la actualidad, las aplicaciones son dependientes de tres requerimientos: 1) introducción de nuevos sensores (principalmente hiperespectrales y radar), 2) empleo de nuevas técnicas de procesado de datos, y 3) facilidad local y global en la distribución de la información digital. El objetivo central de esta conferencia es compartir entre colegas, la visión de cómo estamos evaluando la cobertura terrestre y cuáles son los métodos digitales y modelos espaciales de los suelos, a múltiples escalas, para las condiciones efectivas de la cartografía y monitoreo. Se presentan casos de estudio en áreas de oasis de riego y en ecosistemas de pastizales degradados por acciones naturales e impactos antropogénicos. Se discuten algunas técnicas digitales, entre ellas las orientadas al objeto (clasificación y segmentación de paisajes).  


CONFERENCIA N 7

Cultivo de caña de azúcar y producción de biocombustible (etanol) en Brasil

Paulo Cesar Ocheuze Trivelin

 Professor Associado, CENA-USP

Viernes 16 de mayo, 9:00 hs., Salón Mercosur – Biagro

No agronegócio brasileiro a cultura da cana-de-açúcar desempenha papel de destaque, gerando em 2006 divisas da ordem de US$ 7,0 bilhões, apenas com a exportação de açúcar e do biocombustível: etanol (BRASIL, 2007). Além disso, o setor sucroalcooleiro gera quantidade significativa de empregos, excluindo da informalidade grande número de pessoas e, com isso, contribui de maneira efetiva para acelerar o mercado interno de bens de consumo. Notoriamente, a cultura da cana-de-açúcar tem grande importância econômica, social e ambiental, fazendo do Brasil o maior produtor mundial de cana com área plantada de quase sete milhões de hectares. A região Centro-Sul do país concentra 87% da produção, da qual mais de 67% está no Estado de São Paulo (CONAB, 2007), e a cadeia de produção de açúcar e álcool responde por 40% do emprego rural e 35% da renda agrícola (CARVALHO, 2002). Estima-se que com o cultivo da cana-de-açúcar ocorra seqüestro de 20% das emissões de carbono que o setor de combustíveis fósseis emite no país (RODRIGUES, 2004).

A demanda mundial por sacarose (açúcar) tem crescido de forma constante entre 1,5% a 2% ao ano. Na safra 2006/07 o Brasil exportou cerca de 19,5 milhões de toneladas de açúcar (dois terços da produção nacional). O volume exportado significa mais de 45% do mercado mundial livre de açúcar, o que faz do Brasil o maior produtor e exportador mundial (UNICA, 2007).

Já o biocombustível: etanol (álcool), no país, é consumido puro (álcool/etanol hidratado) ou misturando à gasolina (álcool/etanol anidro) na proporção de 20% a 25%, representando um consumo de mais de 13 bilhões de litros desse combustível renovável em 2006, que substituiu mais de 40% do que seria consumido como gasolina, que é liberada para exportação (UNICA, 2007). Com o advento dos veículos bicombustíveis (gasolina e etanol hidratado) a venda de automóveis que podem utilizar o álcool combustível foi de 1,7 milhões de unidades, o que correspondeu a 72% dos veículos produzidos no país em 2007 (ANFAVEA, 2008).

O setor produtivo sucroalcooleiro contribui e tem condições de ampliar sua atuação como fornecedor de energia limpa e renovável, tanto em combustível veicular, como na co-geração de eletricidade industrial e domiciliar, pela queima de biomassa da cana-de-açúcar (bagaço e palha). As usinas e destilarias brasileiras geram, com a queima da biomassa do bagaço e da palha de cana-de-açúcar, energia elétrica para uso próprio e ainda produzem excedentes, vendidos às concessionárias de energia, utilizados para completar a demanda energética no país.

As perspectivas para o setor são animadoras, em médio prazo, devido à possível quebra dos subsídios do açúcar europeu e conquista de novos mercados consumidores. Aliado a isso, é crescente a preocupação da sociedade mundial em relação à disponibilidade de petróleo, em futuro próximo, e o custo dessa fonte de energia, haja vista o preço internacional na atualidade que já é superior a US$100 o barril do óleo cru. Some-se a essa preocupação da sociedade as condições do ambiente, fato esse que vem exercendo pressão sobre o uso de combustíveis fósseis responsáveis pela emissão de gases poluentes na atmosfera. Vários países estão buscando reduzir ao máximo o uso desses combustíveis fósseis, seja pela substituição do produto ou pela adição de outros combustíveis renováveis (biocombustíveis), a fim de diminuir sua carga poluidora.

Das culturas usadas para a produção industrial de etanol, a cana-de-açúcar, nas condições brasileiras, tem destaque no cenário internacional pela sua alta produtividade, devido principalmente a eficiência fotossintética da cultura no ambiente tropical, associado ao menor custo da agroindústria sucroalccoleira, o que lhe garante superioridade na competição, por exemplo, com o álcool de milho produzido nos Estados Unidos da América (RODRIGUES, 2004).

Atualmente existe uma polêmica mundial envolvendo a política de produção de etanol de cana-de-açúcar pelo Brasil. Os foros econômicos mundiais e a mídia internacional discutem que o Brasil estaria reduzindo sua área de cultivo de alimentos, especialmente de cereais, para cultivo de cana-de-açúcar, e esse fato seria um dos fatores a forçar o aumento de preços de alimentos no mercado mundial. Deve-se destacar que nos Estados Unidos da América o uso do milho para produção de etanol está realmente provocando uma elevação de preços alimentícios, uma vez que lá a produção de etanol para substituir combustível fóssil é maior que a produção brasileira. O rendimento da produção americana de etanol de milho é menor que a cana-de-açúcar no Brasil, com custo da ordem de três vezes superior, que em grande parte é subvencionada pelo governo estadunidense.

O Brasil possui, hoje, área de cultivos agrícolas de cerca de 70 milhões de hectares para produção de alimentos, fibra e energia, e outros 180 milhões de hectares de pastagem para produção animal. Atualmente, os cerca de sete milhões de hectares de cultivo de cana-de-açúcar representam 10% da área de produção de alimentos, fibra e energia, sendo que metade dessa área é destinada a produção de etanol. A expansão da área de plantio de cana-de-açúcar está ocorrendo no oeste do Estado de São Paulo e no Centro oeste do país, no Cerrado, especialmente em áreas de pastagens degradadas. Não há expansão de área para cultivos agrícolas no bioma Amazônico como é propalado pela mídia internacional. Da área atual de pastagem que o país dispõe (180 milhões de ha) poderão ser usados para cultivos uns 72 milhões de ha.  Como áreas próprias para receber a cultura canavieira, por questões hídricas e de declividade dos solos para colheita mecanizada como se exige de novos projetos, somente estão aptos uns 22 milhões de hectares, sobrando outros 50 milhões de ha para futuramente receber cultivos voltados à produção de alimentos e atender a uma possível demanda mundial.

Nesse contexto, a produção brasileira de cana-de-açúcar, provavelmente, acompanhará o crescimento da demanda mundial por açúcar e etanol. A estimativa da produção agrícola de cana-de-açúcar para a safra 2007/2008 é de 528 milhões de toneladas de colmos, com área plantada de 6,6 milhões de hectares (CONAB, 2007), o que representa uma produtividade agrícola da ordem de 80 t ha-1. Essa produtividade vem sendo incrementada há vários anos embora ainda esteja aquém do potencial produtivo das variedades de cana-de-açúcar plantadas nos solos brasileiros. Estima-se que o potencial produtivo da cana-de-açúcar atualmente plantada no Brasil seja de aproximadamente 200 t ha-1, caso fatores, principalmente os biológicos e nutricionais, não limitassem essa produção. Pelo exposto, as pesquisas atuais no âmbito da Ciência do Solo desenvolvidas no Brasil com a cultura da cana-de-açúcar se direcionam no sentido de identificar e buscar soluções para as limitações físicas e químicas dos solos nesse déficit produtivo.

Estudos desenvolvidos pelo grupo do CENA-ESALQ da USP tem dado grande ênfase ao manejo adequado de fertilizantes nitrogenados em sistemas sem queima da palha previamente a colheita mecanizada da cana-de-açúcar. Sabe-se da importância do nitrogênio relacionado à produtividade da cana-de-açúcar, especialmente em solos tropicais. Na atualidade, especialmente na região Centro-Sul do Brasil, está sendo abolida, por força de legislação ambiental e também por questões de ordem econômica, a queima da palha da cana-de-açúcar antes da colheita. As condições de superfície do solo coberta com palha de cana-de-açúcar (10 a 25 t ha-1 de matéria seca de palha) resultam em uma gama muito grande de fatores que dificultam o manejo do solo e da fertilização da cultura, especialmente com nitrogênio, nas condições brasileiras, que se não forem devidamente equacionadas continuarão a limitar a produtividade da cultura.


 CONFERENCIA N 8

Wind Erosion Control in the Semiarid U.S., a Systems Approach

 Mike Sporcic

Wind Erosion Specialist - Conservation Agronomist, USDA NRCS, USA

Viernes 16 de mayo, 15:00 hs., Auditorio Caja de los Trebejos - YPF

Wind erosion has been a problem for farmers in the U.S. since the early 1930s.  The need for food in times of war increased the price of wheat encouraging farmers to plow out large areas of grassland in the dry center part of the US.  Much has been done to correct problems.  However, 2 million hectares still suffer large losses annually.

The US government does not regulate soil erosion.  The government offers financial and technical assistance to produces who apply conservation practices and conservation systems to their land.  Some programs offer contracts as high as $250,000 dollars for 10 to 15 year contracts.

Conservation systems are combinations of practices that treat one or more specific problems on the land.  Wind erosion is one of the many resource concerns inventoried in the planning process.  We currently use the Wind Erosion Equation (WEQ) to model wind erosion.

Farmers work with a locally placed conservationist to evaluate and inventory their land.  The farmers provide information about their crops, tillage used, timing of operations, and goals.  The local conservationist then runs the wind erosion model to determine their average annual erosion rate for their system.  If the rate is too high then a plan is developed for the land.

In the planning process several alternative are developed to meet the soil loss goal soil in each field.  Each alternative will have one or more conservation practices to meet the goal.  The farmer then selects the alternative that best fit their needs while protecting the soil.

Encouraging change has always been the key to get a good plan applied.  It is not easy to convince farmers to change.  Sometimes if a progressive risk taking farmer can be located in a community, and effort concentrated with that person to become successful with the change, then others will adopt the new idea or practice.

There many ways to encourage this.  Universities and government official must have a good local working relationship.  Technical assistance should be provided to them on their farm.  Financial incentives can be helpful.  Celebrate the successes and show them off.  Organize small groups to give the people a voice to guide research and local staffing in the area.

Some practices, such as windbreak or vegetative barriers, strip cropping, and cross wind trap strips, shorten the unsheltered distance across a field.  Tillage practices that form ridges or roughen the surface can reduce wind erosion.  Growing crops that produce lots of residue, and keeping the residue on the surface is also effective.  Cover crops planted after low residue crops controls wind erosion.

Models can be used to estimate the quality of any system when it is difficult to measure results of applying practices.  EWEQ (Argentina version) can assist farmers evaluate their systems.  If the data for the local crops and tillage are loaded and the Climatic and Wind Erodibility factor can be determined, the model will give a good estimate of the average annual wind erosion in tons/ha/yr.

 


FICES - UNSL


Ministerio del Campo